Nota editorial · Impacto

Triple inclusión: lo que las microfinanzas nos han enseñado

La inclusión social, productiva y financiera no ocurre por separado. Las microfinanzas pueden conectar estas tres dimensiones y demostrar qué cambia realmente en la vida de las personas.

Emprendedora y asesora conectan comunidad, actividad productiva y servicios financieros en un mercado local.
Por Daniel Navarro· 24 SEP 2026· América Latina y el Caribe· 5 min de lectura

Después de más de 30 años vinculado al sector microfinanciero internacional, hay una convicción que quiero compartir: las oportunidades comienzan a cambiar cuando una institución se toma el tiempo de comprender a la persona que tiene enfrente.

Detrás de una solicitud de crédito hay una mujer que busca hacer crecer su negocio, un emprendedor que necesita comprar equipo o una pequeña empresa que intenta sostener empleos. También hay una familia, responsabilidades y proyectos que rara vez caben completos en un formulario.

Por eso, cuando pienso en el futuro de las microfinanzas, pienso en nuestra capacidad para comprender esas realidades y acompañarlas mejor.

Hay quienes proponen avanzar hacia una doble inclusión: social y productiva. Esa mirada conecta el acceso al bienestar con las oportunidades para generar ingresos. Es un punto de partida valioso que, desde nuestra experiencia en microfinanzas, podemos ampliar.

Propongo que hablemos de Triple Inclusión: social, productiva y financiera, presentes simultáneamente en la vida de las personas.

La inclusión social aporta condiciones para vivir con dignidad: educación, salud, vivienda y servicios básicos. La inclusión productiva permite generar ingresos mediante trabajo de calidad, emprendimientos viables y mipymes capaces de crecer. La inclusión financiera brinda herramientas para administrar esos ingresos, invertir y proteger lo construido.

En este tercer pilar, el ahorro, el crédito y los seguros cumplen funciones complementarias, acompañados de medios de pago accesibles. Todos forman parte del alcance de la inclusión financiera reconocido por el Banco Mundial.

El ahorro ayuda a preparar el siguiente paso. El crédito permite adelantar una inversión cuando existe capacidad para pagarla. Los seguros pueden evitar que determinados imprevistos se conviertan en pérdidas imposibles de asumir.

Pensemos en una mujer que produce alimentos. Su negocio necesita agua y energía, conocimientos, compradores y recursos para operar. También necesita que una enfermedad o una avería no consuman todo lo que ha logrado ahorrar. Para ella, estas necesidades forman parte de una misma vida.

Ahí encuentro el sentido de la Triple Inclusión: conectar las condiciones que permiten avanzar con las herramientas que ayudan a sostener ese avance.

La evidencia respalda el papel que pueden desempeñar los servicios financieros para enfrentar crisis y aprovechar oportunidades.

Las microfinancieras tienen un papel central en hacer posible esa conexión.

Frente a los modelos de banca tradicional concentrados en clientes urbanos de mayores ingresos y empresas con información formal y garantías, las microfinanzas han desarrollado una vocación distinta: acercarse a quienes necesitan otras formas de ser comprendidos y atendidos.

La banca es diversa y también existen entidades comprometidas con estos segmentos. Lo que quiero destacar es el valor de una especialidad: conocer el pequeño negocio, comprender los ingresos variables y reconocer capacidades que pueden quedar fuera de una evaluación convencional.

Cuando pienso en lo que hemos aprendido de las microfinancieras líderes, encuentro tres lecciones especialmente valiosas.

La primera es que la cercanía debe convertirse en conocimiento útil. Porque escuchar tiene consecuencias concretas en la forma de diseñar un producto, evaluar una solicitud o acompañar una dificultad.

Una mujer que combina su negocio con responsabilidades de cuidado, un emprendedor que apenas comienza y una mipyme que necesita financiar pedidos tienen necesidades diferentes. Atenderlas exige comprender sus tiempos, sus flujos de dinero y sus aspiraciones.

Esa capacidad puede abrir la puerta a nuevos clientes y fortalecer la confianza de quienes ya están cerca. La relación se vuelve más valiosa cuando la institución ayuda a resolver una necesidad concreta y ofrece condiciones comprensibles, costos transparentes y financiamiento responsable.

La segunda lección es que las alianzas amplían lo que una microfinanciera puede lograr. El crecimiento de un negocio también depende de capacidades, compradores, tecnología y servicios.

Conozco algunas microfinancieras que resuelven inteligentemente esto conectando a mujeres, emprendedores y mipymes con centros de formación, asociaciones empresariales, redes comerciales y prestadores especializados. Las alianzas con aseguradoras y entidades autorizadas para captar ahorro pueden completar la oferta financiera cuando la microfinanciera no presta esos servicios directamente.

Estas relaciones también permiten llegar a nuevos clientes a través de organizaciones que conocen su actividad y cuentan con su confianza. Así, el crecimiento comercial puede surgir de una solución construida en conjunto.

La tercera lección es que debemos demostrar qué cambia en la vida de las personas. Para mí, el liderazgo también se expresa en la disposición a medir, aprender y corregir.

Además de conocer cuántos créditos otorgamos, necesitamos saber si los negocios generan ingresos más estables, si las familias pueden afrontar una emergencia y si las mujeres tienen mayor capacidad de decisión sobre sus recursos.

La Triple Inclusión nos invita a observar esas dimensiones en las mismas personas, a lo largo del tiempo. También nos exige reconocer qué resultados podemos vincular con nuestro trabajo y cuáles dependen de otros factores.

Esta mirada puede fortalecer el diálogo con los fondos de inversión de impacto.

Una microfinanciera que conoce a quién atiende, explica cómo contribuye a su progreso y presenta evidencia confiable puede construir una propuesta de inversión más convincente. Esa evidencia debe acompañar una cartera sana, una gestión responsable y un modelo financieramente sostenible.

Después de estas tres décadas, sigo encontrando motivos para confiar en la capacidad transformadora de las microfinanzas. Su futuro puede construirse profundizando aquello que da sentido a su trabajo: comprender a las personas y conectar oportunidades a su alrededor.

Desde Tejido, quiero invitar a que hagamos de la Triple Inclusión una ambición compartida. Una forma de atraer nuevos clientes y recursos de inversión a partir de un propósito que podamos demostrar.

Que más mujeres, emprendedores y mipymes tengan condiciones para avanzar, herramientas para proteger lo construido y confianza para imaginar lo que viene.

Fuentes